Nunca esperas que se vaya la luz, siempre es por sorpresa y cuando sucede sueles maldecir por lo bajo, como si temieras molestar a alguien...o que alguien te escuchara.
Si te ocurre en tu piso y es de noche a veces haces cosas tan tontas como subir una persiana, como si eso fuera a ayudarte, pero cuando sucede en una casa que no es la tuya, más grande y totalmente desconocida entonces la cosa cambia. Quizá no debí ofrecerme a preparar la casa rural yo solo...
Intentaba recordar en primer lugar donde estaban los plomos y por fin lo hice, en el sótano (cómo no...), busqué a tientas una linterna pero sólo conseguí golpearme la rodilla contra algo y lo que me pareció una eternidad de rondar por la cocina sin conseguir nada positivo. En los cajones no había velas ni cerillas, lógico, aún estaba todo por comprar; pensé en salir al coche, ahí a lo mejor tendría una linterna o un mechero pero decidí que sería más complicado y no merecía la pena el esfuerzo así que a tientas, deslizando la mano por la pared emprendí el camino hacia el sótano. ¿Algúna vez has jugado a eso?, cierras los ojos y deslizas la mano por la pared a ver si eres capaz de anticipar cuando llegas a la puerta o la siguiente pared; a final siempre terminas abriendo los ojos porque un pequeño miedo, fino como una aguja se insinúa en tu nuca cuando te das cuenta de que pareces no llegar nunca y sonríes bobamente cuando te das cuenta de que estás al lado de ella. Sin embargo por una fracción de segundo las diemensiones cambiaron.
Y ha vuelto a pasar...
No recuerdo cuanto tiempo me costó salir de la cocina pero pudieron ser facilmente dos horas (o eso me pareció) y ante mi se abría el abismo del salón, grande a la luz de las lámparas y un páramo de oscuridad en estos momentos.
Sabía que la puerta del sótano estaba al final del pasillo que salía del salón al fondo y a la derecha de éste, pero había muebles y no quería arriesgarme a otro golpe asi que opté por el camino más largo. Apoyé la mano en la pared, extrañamente fría y húmeda y empecé a andar lentamente. ¿Algúna vez habeis andado en la oscuridad con miedo a daros un golpe con algo?, tus músculos se tensan con la anticipación y en vez de dar pasos deslizas los pies como si caminaras por un campo de minas. Poco a poco la tensión va en aumento, notas la espalda agarrotada y no sabes que hacer con la mano que no apoyas en la pared asi que la extiendes ante ti para prevenir el golpe, aunque temes lo que sea que puedas llegar a tocar (sobre todo si fuera blando y pegajoso, ¡que no sea blando y pegajoso por favor...).
Sigues andando porque no tienes otra opción pero cada paso que das es una agonía, te duelen los músculos de las piernas y la mano que deslizas por la pared te parece que se hubiera fundido con ellla y no pudieras soltarla, además te suda y puedes visualizar en tu mente inquieta la mancha de humedad que dejas al deslizarla. Crees que puede llegar el golpe en cualquier momento pero no llega, te preguntas ¡¿pero cuánto falta para la puta puerta?!, eso sí por lo bajo que no sabes quien puede estar escuchando, y el sudor comienza a bajar por tu espalda a la vez que piensas también que es ridícula la situación, que podrías haber salido al coche porque seguro que hay un mechero en la guantera (no fumas pero siempre guardas uno por si acaso)...
Y la pared...de repente ha pasado de medir cuatro metros a ser la puta gran muralla china, no se acaba, sigue y sigue y sigue hasta el infinito, pero ¡espera!, ¿es blando eso que acabas de tocar?, no es posible, la pared es de piedra no puede ser blanda ¡no debe ser blanda!, pero lo es y de repente de algún lugar del infierno se vuelcan en tu mente todas aquellas pesadillas infantiles que te hacían despertarte aterrorizado en las que todo a tu alrededor se volvía blando y pegajoso, se descomponía lentamente y la gente también, y todos querían tocarte porque tú eras lo único que mantenía consistencia en un mundo que parecía derretirse a tu alrededor, lentamente como la carrera de un glaciar. Pero lo peor eran las caras, los rasgos perdían su lógica, la carne se hinchaba y caía en largos tentáculos que se retorcían lentamente como por efecto de calor febril que afectara a la misma existencia. Los ojos desaparecían bajo pliegues de carne derretida , las narices se hundían y las bocas parecían cambiar de sistio mientras aquellos seres de aberrante aspecto parecían mugir su desgracia a la par que intentaban tocarte.
En ese momento, cuando sus deformadas manos estaban a punto de tocarte era cuando solías despertar, jadeando como un asmático y con el corazón latiendo tan fuerte que un latido de más podría hacerlo estallar. Pero aqui eso no iba a pasar, no estás dormido, no estás soñando, está ocurriendo de verdad y un lastimero gemido se escapa de lo más hondo de tu ser. Te has quedado congelado, con tu mano sobre esa zona blanda y tu cerebro tratando de bloquear esa sensación. No eres capaz de moverte porque crees que si lo haces la descomposición se acelerará y te encoges sobre ti mismo esperando que la pesadilla estalle a tu alrededor con la furia acumulada de los años en que conseguiste olvidarla; esperas y por fin te decides a moverte, das un paso y la luz se enciende de golpe iluminando una dantesca escena a tu alrededor donde todo se funde como la cera a fuego lento...un parpadeo...un latido...la eternidad en un segundo y te das cuenta de que toda está bien y como una ola que acaba de romper en la playa de tu mente todo el miedo se retira de tu ser como si nunca hubiera estado allí.
Incluso siendo capaces de llegar al epacio aún nos da miedo la oscuridad. Da que pensar ¿no?.

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